Reelección, gobernanza y segunda vuelta electoral....
Teoría del Caos
Por Mario H. Góngora Preciado *

En virtud de las últimas declaraciones de nuestro políticamente iconoclasta secretario de gobernación, sobre la reelección de alcaldes y legisladores, vale la pena desarrollar algunas reflexiones.
Sin <<sospechosismo>>, las tendencias democráticas y federalistas contemporáneas apuntan a que tarde o temprano han de instaurarse las reelecciones en nuestro país. Ante éste panorama, no podemos dejar de resaltar que el fondo no es la operación, sino los resultados.
A todas luces son visibles los magros frutos de las políticas públicas, que nutren la inercia del modelo neoliberal arropando pobreza, marginación e inequidad, a la vez que las instituciones se debilitan, producto de falta de liderazgo y acuerdos, lo cual no es una casualidad, sino el síntoma de una enfermedad grave.
Esta enfermedad es una de las paradojas de la democracia. Es debilidad de las instituciones que surge en la medida en que encontramos la falta de representación ciudadana en ellas. Es una deslegitimización del sistema representativo, que aparece cuando nuestros gobernantes no son avalados por la mayoría, lo cual es proclive en el marco de un sistema electoral tripartita tan parejo como el nuestro, donde además el abstencionismo se equipara a una segunda fuerza electoral.
Encontramos el ejemplo del gobierno del presidente Fox, quien arribó al poder contando a su favor con el 42% de los votantes, estando presente un abstencionismo del 36% del padrón electoral; y aunque en la democracia como la conocemos, representó el mandato popular, la realidad es que aunque ese porcentaje de votantes lo apoyaba, el resto, que era la mayoría, no lo hizo, es decir, llega al poder avalado y legitimado por la primera minoría, o la mayoría relativa, que en realidad no deja de ser una minoría.
La democracia, no es el peor ni tampoco el mejor de los sistemas, pero es el que conocemos. Saramago mencionó que "la democracia es como Dios..."; Yo diré que aunque no es la "lámpara de Aladino", es una deontología; es utópica en la práctica, y nos lleva a la policracia. Sin embargo, al ser éste el sistema en que nos encontramos inmersos, debemos entonces, planificada y escalonadamente, desarrollar los pasos que nos lleven no sólo a fortalecerla, sino que nos posibiliten obtener resultados en pos del interés público, y aunque la reelección legislativa y la de los ayuntamientos segúramente acarrearía resultados positivos, sólo podrían darse en un marco de gobernanza contundente y sólida.
Es entonces que considero que antes de pensar en una reelección, sería pertinente consolidar un régimen legítimo de representación, que sólo se puede dar mediante una mayoría absoluta, lo cual se aseguraría mediante las segundas vueltas electorales.
Las segundas vueltas electorales, una institución paradigmática del derecho electoral francés, no es algo inédito en México; existe la experiencia en al menos un municipio de San Luis Potosí, que dadas algunas peculiaridades locales, se procedió a instrumentarla, con resultados positivos.
La segunda vuelta electoral exige acuerdos, fomenta la credibilidad, la estabilidad económica, social y política, y responde a una cultura política y cívica de pueblos educados, comprometidos y preocupados por el futuro de su país, su futuro.
Evitemos estados erráticos; demos pasos ciertos. Las reformas electorales en puerta son prioritarias, pero con un enfoque holístico. Antes de pensar en reelección o en voto desde el extranjero, se requiere certidumbre en el sistema.
¿Por qué no pensar en las reformas electorales como la puerta para las reformas estructurales que el país necesita? Es viable.
gongoram@yahoo.com

* Doctorando en Administración PúblicaUniversidad Anáhuac

   
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